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Prólogo

Por Quique Alcatena

   Cuando un autor TIENE algo que decir, se nota.  Se percibe la urgencia, la pasión, el entusiasmo.  El lector se da cuenta de que sólo ese autor, y ningún otro, podía contar esa historia, porque sólo de él podía surgir, crecer y despegarse.  De esto se colige: sólo Luciano Vecchio pudo habernos dado  “Sereno”, como sólo Allred  “Madman”, Oswal “Sónoman”, Mignola  “Hellboy”, o Kirby los “New Gods”. Todos ellos autores integrales, todos ellos dueños de una visión propia.

 Como aquellos, “Sereno” no es un relato de superhéroes más.  Sin pudor alguno, ostenta deshinibidamente  muchos de los leitmotivs del género. Es evidente que Luciano los conoce, los quiere, y disfruta darles su impronta personalísima. Pero no se limita a jugar diestramente con ellos: se involucra, y el resultado es una obra que no sólo reivindica las historias superheroicas, sino que sin renegar nunca de sus raíces lúdicas y desaforadas, las trasciende. 

   Si bien las alegorías no gozan en general de buena prensa entre la crítica, ya Chesterton sabiamente pudo ver más allá de los corsés clásico y medieval que les imprimían artificialidad.  No son meros juegos de mecánicas sustituciones (“esto representa aquello, eso aquello otro”), sino un concierto de símbolos revelador y profundo.  “Sereno” es alegoría, pero también aventura, viaje personal y poesía (Sí, “poesía”, y no me tiembla la mano al escribirlo).  

   Y al vuelo y filo del guión hay que sumarle la maestría del arte. Luces estroboscópicas, destellos “flúo”, sombras pulsantes, la línea que discurre expresiva y elegante… Cada página, un caleidoscopio deslumbrante de diseños vibrantes… Sepa el lector excusar el exceso de adjetivos, pero sólo hacen justicia a lo que le aguarda a unas páginas de distancia.

   Cuando Fernando Calvi y yo invitamos  a Luciano a participar en el proyecto de Tótem Cómics (“historietas de superhéroes de autor”, como un tanto pretenciosamente lo definimos) sabíamos que nos iba a sorprender con la obra que emprendiera. Nunca imaginamos tanto.

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